Predro
de Valdivia

Patrimonio Industrial y Social


La Oficina salitrera Pedro de Valdivia fue la segunda salitrera del Sistema Guggenheim. Su construcción se inició el 5 de enero de 1930, siendo su primera elaboración de salitre el 6 de junio de 1931, por tal razón, dicha fecha es considerada como fundacional. En las obras de implementación trabajaron casi 7.000 personas, quienes permanecieron durante 16 meses en un campamento provisorio.

Esta Oficina salitrera, al igual que María Elena destacó por la alta mecanización y por sus vanguardistas instalaciones para el procesamiento del caliche. En pocas palabras, podemos decir que la innovación de los Guggenheim permitió obtener una mayor eficiencia química, necesitando a la vez menos hombres respecto a los procedimientos del sistema Shanks. En las salitreras del sistema Guggenheim (María Elena y Pedro de Valdivia) 7.000 hombres producían 70.000 toneladas de salitre. Mientras que las Plantas del sistema Shanks, 9.000 hombres producían tan solo 30.000 toneladas de salitre en promedio. Aunque por efecto de la Gran Depresión económica mundial, la salitrera detuvo sus trabajos entre noviembre de 1932 y agosto de 1934.

De este modo, con esta Oficina salitrera el sistema Guggenheim se consolidó y superó en sus cualidades electromecánicas, en sus singularidades técnicas y en el volumen de las instalaciones a una serie de experimentos realizados en las vastedades del desierto. Al emerger Pedro de Valdivia, se descentró la hegemonía productiva de la zona salitrera de Tarapacá con su sistema técnico predominante, pero en decadencia, el sistema Shanks.

La Oficina estuvo emplazada en el Llano de la Paciencia, dentro del cantón El Toco. Sus operaciones generaron una importante gravitación migrante, surgiendo una verdadera ciudad en pleno de desierto, con más de 1.500 viviendas, parceladas para obreros, empleados y planta administrativa. Por ejemplo, el censo de 1940, contabilizó una población de 6.644 habitantes. Por su parte, el censo de 1952, indicó la presencia de 11.004 residentes en Pedro de Valdivia.

Como centro urbano, se estructuró con la intersección de dos vías principales. En dicha intersección fue levantado el llamado Centro Cívico, caracterizado por una Plaza que contó con varios juegos infantiles. También contó con un teatro, el cual fue inaugurado en 1937, constituyente una verdadera imagen representativa de la urbe del salitre. También contó con un Hospital, una Iglesia, llamada Santísima Trinidad (construida el año 1941 y entregada a la comunidad el día 25 de julio del mismo año), también una escuela y una pulpería, esto último no solo era un espacio vinculado a una red logística para asegurar los artículos de primera necesidad, sino que también era un importante espacio para la sociabilidad pampina. También contó con un estadio, donde se desarrollaron recordados encuentros futbolísticos entre los equipos pampinos. Especial interés generaban los encuentros entre los equipos de Pedro de Valdivia y María Elena, surgiendo una rivalidad intensa que no siempre se resolvió en la cancha, sino que también fuera de ella. Normalmente, cuando los partidos terminaban surgían verdaderas guerrillas de piedras entre los equipos y las barras.

Hacia el año 1996, se finiquitó el proceso de cierre del campamento, no así de su Planta elaboradora. Se arguyó el fuerte impacto ambiental de las actividades productivas las que afectaban directamente a la población. Los pedrinos fueron trasladados, en su mayoría, hacia María Elena. Fue así que, desde entonces, se estableció que el primer domingo de cada mes de junio, los pedrinos y pedrinas volverían a su campamento a celebrar el aniversario y así reencontrarse con cada uno de los viejos vecinos, amigos y compañeros de trabajo. En dichas celebraciones se juega fútbol, se desfila, se baila, se recorren las viejas calles y los antiguos pedrinos visitan sus casas atiborradas no solo de polvos, sino que también de mayúsculas nostalgias.

En abril de 1996, la Oficina salitrera fue declarada como Monumento Histórico por el Consejo de Monumentos Nacionales. Así, se reconoció el aporte económico de la industria del salitre a las arcas fiscales, pero por sobre todo, a la memoria histórica y social del campamento.


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